miércoles, 25 de marzo de 2015

Otto de Sola



EN LOS CUATRO SIGLOS DE VALENCIA

I

Antes de tu nacer, de tu raza de piedra, eras la selva
con inquieto diamente en las hojas tropicales.
la eternidad olfateaba la cáscara vacía de los muertos
            volcanes
y el fuego era soplado, como una noche roja,
por los indios desnudos.
El fuego allí crecía, tenía alas perversas,
derrumbaba los ceibos como negros lingotes planetarios
pasaba por los ríos despertando esas bestias fluviales
que se arrancan del pecho toda la oscuridad.

Antes de tu nacer, de tu raza de piedra, el viento detenía
            las águilas nocturnas;
las buenas, se quedaban, pero las malas nunca cerraron su plumaje
para seguir llevando pellejos a las cuevas.
Tu raza de piedra es raza de ciclones.
En la entraña de la piedra dormida deja el tiempo,
            a menudo, la lengua de los astros,
se amamantan los astros
en esas grandes tetas de tiniebla
y después, con mil golpes, saliendo de lo oscuro
del fondo de los dioses minerales, como salvajes monos enlutados,
los astros se iluminan, abandonan las capas de los muertos,
la tiniebla heredada en el rudo contacto con la noche,
            con la muerte,
con el fondo del mar.

Los astros se iluminan y en finos movimientos
penetran silenciosos entre las anchas hojas del tabaco,
allá en los precipicios, vestidos con espejos, penetran sin
            romper
la luminosa patria del rocío.



II

Ahora está construida la claridad del mundo.
La raza de la piedra tendrá su corazón:
¿Una ciudad? ¿Un sueño?
¿Un mordisco profundo en los volcanes?
Tendrá nueva ciudad la raza de la piedra
en cuanto llegue el hombre
con espesa armadura de caimanes,

blanco, como la nieve, con botas españolas.




Otto de Sola en 1954 (Reproducción fotográfica de H. López Orihuela)






Otto de Sola. Poeta. (Valencia, Venezuela, 1912 - Palma de Mallorca, España, 1925)


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