viernes, 1 de agosto de 2014

Víctor Manuel Pinto: sonido y cotidianidad



Néstor Mendoza


I

Regreso al mes de junio de 2006, como si observara la escena a través de una hoja de vidrio: estamos sentados en las áreas verdes del centro comercial Río Sil, en Naguanagua, junto con otros amigos, y compartimos el incipiente interés por la poesía. Bebemos y ninguno sobrepasa los 22 años. Recién salido de imprenta, esa tarde, Víctor Manuel nos muestra un ejemplar de Mecánica: el libro va de mano en mano, curiosas manos, y cada quien detalla la edición, soba con agrado el papel vegetal de la cubierta. Es su segundo libro, que aparece apenas un año después de Aldabadas.

A los 22 años pesa más la fascinación y el deslave metafórico. Es fácil dejarse llevar por las influencias; edad de mucha escritura inexperta, ensayada detrás de las hojas sueltas y del material fotocopiado. Edad de lecturas apresuradas. De un poeta de 22 años, frecuentemente, solo puede esperarse tentativas, sondeos, breves aproximaciones, pero a Víctor Manuel, en ese 2006, se le notan pliegues maduros en su grafía. Pliegues que indican un cambio a formas más vigiladas.

He visitado solo dos veces la casa de Víctor. Está bordeada de alfajol, arrimada a una esquina. El transporte público repite su ruta diaria en la misma calle. Las rutinas de cada uno, en cambio, hacen que nos veamos en el Departamento de Literatura de la Universidad de Carabobo, en algún bodegón ocasional y en recitales. A veces nos escapamos y él invita las cervezas, cerca de su casa. A veces yo las invito. Le cuento lo que me pasa, las dudas que solo se cuentan a los amigos. Nos escuchamos y sacamos una carpeta con textos muy recientes. Acumulamos anécdotas y discrepancias para repartirlas entre nosotros. Cada uno toma lo que necesita del otro (paciencia, citas, consejos, respeto y cierta severidad). La amistad necesita esa objetividad que solo da la distancia. 

II

La producción poética de Víctor Manuel Pinto (1982) está agrupada en Poemas reunidos (2005-2011), a cargo de Monte Ávila Editores. Aldabadas (2005), Mecánica (2006), Caravana (2010) y la antología Voluntad para no matar (2011) conforman el volumen. Ha desarrollado un persistente trabajo que hoy se hace más accesible al público de otras regiones del país, es decir, fuera de su Valencia natal, ciudad que habita y lo vincula con estrechas ligaduras afectivas y laborales.

Con Aldabadas, Víctor transita la casa y los hábitos compartidos: quien mira es el joven que observa los primeros peldaños de su madurez. El peregrinaje familiar (rico en anécdotas y episodios pero en ocasiones restringido) se hace cada vez más estrecho para el poeta. Por eso, a medida de que se suceden las publicaciones, la madurez dilata sus dominios. Los motivos poco a poco se alejan del patio de la casa, del samán que “se agrieta de edad”, del “vaivén de las mecedoras” y del taller mecánico del padre. Aldabadas es un “envión”, si empleamos un término del levantamiento de pesas. Los poemas, como preámbulos, como empuje o arranque, preparan el camino de Mecánica.

Mecánica se lee con entonación clara. Es un libro espontáneo que puede ser visto como un relato dividido en partes. Tiene el rescatable atributo de la unidad. Hay versos que se afianzan en la memoria (“bombillo ahorcado en la viga”). Puedo notar, en el verso citado, una casa humilde, su casa, mi casa, la viga oxidada en la que se puede ver una confusión de cables sosteniendo la luz. El lenguaje que expone refuerza la cotidianidad: es una capa de barniz que cubre y protege la intemperie de la madera: “Algo le martilla la cabeza/ aquel deseo de una casa en el campo/lanzarle piedras al agua para que tiemble el sol/ y lo oscuro lo encuentre abrazado”.

Con Mecánica, la voz lírica sale del cobijo hogareño; mira la ventana más próxima; recorre las calles y pernocta en las esquinas. Aparece el adulto que inicia su trayecto en bares, fuma cigarrillos y experimenta el primer erotismo. Ya en Caravana, su libro de lucidez más plena, el poeta accede a la novedad temática. Posee un mayor conocimiento del lenguaje, ejercitado en sus dos publicaciones anteriores; herramientas idóneas que inician una etapa puntual dentro de su producción.

Caravana, en más de un elemento, se relaciona con el relato “Barrabás”, de Arturo Uslar Pietri. Uno de esos elementos es la tradición judeo-cristiana, cuya presencia aparece reescrita: “Delante del Pretorio se había derramado el pueblo, y el pueblo me veía, y veía al Gobernador, oloroso de flores, y al otro reo. El otro reo era un pobre hombre flaco, con aspecto humilde, y con unos grandes ojos que le cogían media cara”. Uslar Pietri le da voz a Barrabás y éste, a su vez, nos describe el frágil semblante de Jesús. Existe lo que Douglas Bohórquez ha llamado “lectura confrontada de los Evangelios”. En Caravana hallaremos un soneto-epístola de Judas; el despertar ontológico de Adán y el semen de Onán, esperma fértil expulsada al suelo: “Hombre, a esto se reduce tu vida; /y engordas con tu leche a la muerte/en los cuartos, los baños y las manos”.

Caravana está lejos del retrato carnavalesco. Se diría, más bien, que se trata de una procesión. La voz marcha con un ritmo sosegado; ofrece su malestar como el pan o el vino, como acto litúrgico. El poema “Ofrenda”, atrae persistentemente con su primer terceto: “Los peces de la multiplicación/ no conocieron los mares/ bajaron de la mano de Dios a la muerte”. Y también atrae la hermosa transformación del hombre en animal edénico, primigenio, del poema “Aprendiz”: “Y me estiró el cuello con una caricia/ y me convirtió en una garza/ una bella garza/ con el linaje de las aves del principio”.

Víctor Manuel ha dedicado más tiempo al trabajo lírico que al ejercicio ensayístico; por ello, quienes hemos seguido su trabajo, recibimos su prosa con gran interés. Hace ya un año aproximadamente, publicó en su blog el ensayo “Reverse gang bang”, una suerte de poética personal, de la cual extraigo un fragmento: “Si me interrogo constantemente durante el trabajo quizás pueda ver algo diferente a mi estado habitual, sentir que la ansiedad, la aprobación y el logro del poema nada importan si no ha sido un logro en mí, no un discernimiento intelectual, sino la comprensión de algo por mis propios medios y limitaciones; un algo que se acomoda a mi vida en su momento justo, ni por encima ni por debajo: el verdadero poema es exacto, pero es una exactitud que no depende de mi deseo de hacer o mi pensamiento de un poema, una exactitud que aparece cuando yo desaparezco y dejo de forcejear, cuando por un momento logro silenciar al ego.”.

El yo poético, ya lo sabemos, es una voz que habla en el poema, y no necesariamente se vincula con el poeta. Esa voz tiene vida propia, miembros para moverse con soltura en cada verso. Víctor Manuel ha transitado un sendero que se une a una vocación no solo estética sino emocional. Quienes lo conocen, saben que es un poeta inconforme y algo esquivo, que se cuestiona y niega, que busca, además un énfasis ontológico, afianzarse en la realidad del poema.

III

En la película El Benny, el actor cubano Renny Arozarena retrata a Benny Moré y su manera particular de componer “Soy guajiro”. La escena es la siguiente: los músicos están en un patio. Todos, o casi todos, siguen las órdenes de Benny. El saxofonista y el trompetista reproducen las notas casi al instante. Benny camina de aquí para allá, tarareando. Sin embargo, el tecladista se muestra ofensivo: lo corrige y le da la nomenclatura exacta de las notas. El “Bárbaro del ritmo”, visiblemente irritado, le dice que en su cabeza las notas “suenan” de otra manera. Y a partir de allí, la canción se construye, se va haciendo desde el instinto, espontáneamente.

Llama la atención cómo se impone el fluido natural de la música más allá de la técnica. Benny Moré deseaba que los instrumentos reprodujeran esa rica mezcla que su mente dibujaba. El sonido moldeaba el sentido, y no al revés. Un poema puede tener esa misma cualidad. En el caso que ahora nos convoca, Víctor Manuel Pinto ensaya algo parecido. Sus poemas se van formando desde el oído, antes de que aparezcan en el papel dominados por la tipografía. A partir de allí, un impulso musical organiza el texto y le da una presencia más específica. El verso libre se mueve con el compás de una métrica propia. Víctor escribe a mano: el monitor y el teclado no han logrado desplazar a la tinta y a la hoja. Se puede notar cierta nostalgia de amanuense en ese hábito. Una vez que el texto pasa por el tamiz del oído y la paciencia de la reescritura, llega el momento de la transcripción.

El poema “Trayectoria”, de la antología Voluntad para no matar, resume esta visión: “Si la bala refulge en su caja /y lamiendo su punta la puliéramos/en la camisa o en el pañuelo, /quizás si le damos ese cariño.../o derribando todo de la mesa/pusiéramos su forma en el centro/junto a una cesta de huesos y frutas,/tal vez si le ofrendamos algo así.../o mejor le fabricamos un hombre/con ojos de buey, con lomo de toro,/con un corazón y patas de vaca/para que lo atraviese a diario.../a lo mejor con eso la saciamos.” La presencia sucesiva de los verbos (casi como detonaciones) le da dinamismo al poema. Esa breve interrupción con puntos suspensivos hace que el ritmo suspenda brevemente su paso, y le da un impulso mayor. Un solo bloque con juegos de intensidad. Se nota la proximidad de Juan Liscano, del “Canto al toro fugitivo”, de ese “toro sin torero con un ave entre las astas/y negras puñaladas bajo sus pasos lentos”. La bala de “Trayectoria” atraviesa al Toro constelado de Mario Abreu.



Publicado en la revista Poesía, número 158.
Departamento de Literatura de la Universidad de Carabobo (2014).

miércoles, 30 de julio de 2014

Azimut y el Camino


ssuu.com/carlososoriogranado/docs/carlos_osorio_para_pdf-__24-10-2013

¿Qué dirección sigue un hombre que camina hacia la búsqueda de su ser a través de la creación? Azimut y el Camino, del poeta Carlos Osorio Granado, nos ofrenda un trabajo donde la sencillez e impecabilidad del lenguaje van de la mano con un profundo ahondamiento en las preguntas más esensiales del ser humano sobre la ruta de su vida.

El esfuerzo por saberse vivo y dejarse tocar por la esencialidad de la naturaleza, el movimiento y el ritmo de la ciudad y sus habitantes luminosos y nocturnos, encuentran en Azimut, un lugar para la representación de las luchas interiores de su autor por encontrar su rumbo entre el silencio y el sueño.


El Camino, segundo libro que completa esta obra, nos entrega un grupo de reflexiones acerca del trabajo poético, que en gran medida logran ilustrar la unidad y la coherencia que deben existir tanto en la búsqueda de sí mismo, como en el refinamiento y cuestionamiento constante de un instrumento para el conocimiento y la expresión tan sustancial y vivo como la poesía. Azimut y El Camino, es un trabajo honesto, lleno de una profundidad poco lograda en la poesía actual. Un libro que no pretende más que la esencialidad que lo conforma, entregándonos una lectura llena de fuerza y esperanza, para continuar la dirección escogida por el peregrino, a través de la compleja cartografía de la vida y el trabajo por el desarrollo de su ser.

Víctor Manuel Pinto. 








domingo, 26 de agosto de 2012

Simón Petit



Simón Petit



Bajo la Grúa




IX

Ponte la máscara
que esta luz te deja en la sombras.

Luz palabra
                            palabra hecha fuego.

Del fuego
un punto que une esos cuerpos
que vienen de lejos.

Aquí comienza el ritual
con el toque de la varilla,
en el entretanto de la llama
se hace otra ciudad
que cuelga en la pared de una oficina
y nosotros adentro
juntando cuerpos
en la soledad de las esquinas.



XX

Nosotros que andamos con Azufre

nos hicimos pájaro
y salimos del pozo
a dar brincos por la calle.

Y nos fuimos con el viento
a echarnos agua en la cara
y de los rostros salía humo
porque era puro fuego.

Entonces a los demás les dio miedo
y se fueron volando también
pero el otro día los agarró el jefe
y los metió en el pozo
hasta que sonó el pito.

Entonces venían amarillos
y se hicieron soles
por la noche.



XXI

Y aprendía a tomar agua con el casco
a tragar tierra
a comer grasa
y a insultar a los demás
y besar la rocola
y no recuerdo que más



Y también aprendí
que un hombre sin estudios
o con ellos
es un ser incompleto.



Refinería  Amuay



Sobre el Andamio 



1

Aquí hace algún tiempo
retozaban los pájaros
de rama en rama.
Habitaba la serpiente sonora
y el saurio hambriento.
las cabras solían posarse en el risco
a contemplar el mar de Paraguaná.

Pero llegaron hombres de blanca piel
y amarilla testa
buscando petróleo, mar profundo y tierra firme.
Entonces hicieron
esta pequeña Manhattan
que vemos desde la casa
o desde cualquier punto lejano
cuando la noche es más oscura.
A partir de ese momento todo ha cambiado.
Y el cielo azul que fue un día
ahora es sólo cielo
para el contraste de los humos.

La mañana vaporosa es costumbre de estos lados.

También las oraciones
pidiendo salud por los hijos y esposos.
Clemencia a Dios para que falle la refinería
y así poder trabajar.

Maldita contaminación
que alimenta a mi familia.



4

Sólo aquel que deja caer el mazo
sobre cemento y metal,

aquel que sube bajo el sol
babeles bailantes
y sobre el riel como un equilibrista se mece
a 40 metros de altura.

Sólo el que acopla andamiajes
y ensucia sus manos
con excremento diabólico
y aquel
cuyo ácido sudor
es ferrosa humedad del día,

puede entender el sabor
de ésta cerveza.



8

Cuando los alcoholes convergen en el sueño
conviene prevenir
el malestar del día siguiente:
sonido estridente de motores
corneteo de vehículos
alteración del pulso
que busca emparejar
tras la misma barra.

Pero entre quienes acudimos
mecánicamente a esta rutina
del templo nuestro,
lo más grave se presenta
al desafiar los conjuros
invocando más tiempo
para escapar del jefe
y sus secuaces
del chequeador
del tarjetero
etc.

Y entre todos
formamos un movimiento
orgullo de Marx y otros camaradas
que por cosas de la noche
se nos olvida
al llegar la mañana.



6

Venimos por obra y gracia del supremo
quien nos puso
en los hornos
Que albergan el fuego y el aceite
De los antiguos..

Llegado el momento
los rostros cubiertos de hollín
semejan a una tribu lejana.
Preparados para la guerra
nos enfrentamos al jefe
que nos indica
que apenas comienza el castigo.

Pero nosotros
hombres de petróleo y azufre
no tememos al destino.
Nuestro hermano Sol
y nuestra hermana Luna
son testigos

Ellos beberán las cenizas
cuando la hora del brindis
llegue.






Simón Petit (Punta Cardón, Venezuela, 1961) Poeta, ensayista y guionista de cine. Ha publicado varios libros de poesía, entre los que destacan: Bajo la grúa (1991), Otros a la intemperie (1992), Bajo la grúa sobre el andamio (1999). Ha recibido varios premios y reconocimientos por su trabajo poético y cinematográfico. También ha estado vinculado a proyectos culturales y editoriales en la ciudad de Paraguaná en el estado Falcón, Venezuela. 










































viernes, 24 de agosto de 2012

Alan Mills



Alan Mills




Leche

Dejé correr la leche en su boca.
Me recordó a una cantante de arias
y su gesto parecido a la desesperación.
La piel se le puso transparente.
El descenso de una serpiente blanca
le andaba por adentro del cuerpo.
Al notar mi cara de espanto,
me preguntó si seguía siendo ella,
o qué diablos estaba sucediendo.
No tengo en mente mi respuesta,
tampoco sé cuántos años pasaron,
desde su última palabra,
hasta que me quedé en blanco.
Quería hacerle el amor a su fantasma.
Hablé con el aire y el vacío.
Fueron siglos de espera por la palabra
que sólo ella podía darme,
pero carecía de habla,
o le era difícil articular algo,
por tener la boca llena de leche.
Le pregunté si era dulce
y abrió los ojos con desmesura,
tragándose toda la luz
esparcida en el área.




El indio no es el que mira usted
en el catálogo de turismo,
cargando bultos
o llevándole comida a la mesa.
Tampoco el que ve desde la ventanilla
y pide monedas haciendo malabares,
ni el que habla una lengua muy otra
y resiste fríos nocturnos.
No, el indio está adentro,
y a veces se le sale, acéptelo,
aunque lo entierre en apellidos,
aunque lo socave bien
y niegue su manchita de infancia,
ahí está, acéptelo.
Y si aparece esa agua rancia,
voraz, el aguardiente que inflama,
ya verá que se le sale,
el indio empuja con su fuerza de siglos,
emerge ardoroso y se le sale,
con lo guardado,
con lo que dura doliendo.
No, no es otro,
el indio soy yo,
a ver, repita conmigo.




La masa de la tortilla es la masa del amor

Ni todos los compadres
y comadres reunidas,
soplando balas que parecían
Burbujas de Amor,
pudieron henchirlo
de la más rara luz,
apenas un aire desdibujado,
oscureciendo
los cielos negros del Asentamiento,
la hilera de casas más larga
que jamás se haya visto
por nuestros Basurales,
ni todos los compadres
y comadres reunidas,
haciéndole un protocolo
de resurrección cardiopulmonar
que aprendieron en la tele,
durante las noches frías
de nuestro país caliente,
cuando todo el Mundo,
todos juntos hacíamos zapping,
iguales a aquella historia terrorífica,
en la que todos los chinos de la China
darían un salto sincronizado,
haciendo temblar al Mundo,
eran noches en las que deseábamos
que el sol saliera para sentir
nuestra vida de una forma
coherente con el Asentamiento,
la hilera de casas más larga
y más bella,
donde todos los compadres
y comadres reunidas,
soplaban balas que parecían
pececitos dorados surcando el aire
y no era el aire,
sino un agua incapaz de mojar,
un cuerpo más seco que la misma tierra,
entrando en ella como una semilla,
dándole forma al Alimento,
a la Felicidad de todos los compadres
y comadres reunidas,
alrededor de una fogata invisible,
trasmutada en Home Boy Crazy,
iluminando.





Alan Mills (Guatemala, 1979). Es poeta, ensayista y traductor. Ha publicado varios libros de poesía, entre los que destacan: Los nombres ocultos, (2002) Marca de agua (2005) Poemas sensibles (2005) Síncopes (2007) Testamentofuturo (2007). Ha participado en varios festivales en América Latina y en Europa. Colabora con diversas publicaciones en Hispanoamérica. Ha sido becario del Ministerio de Cultura en Madrid. 





domingo, 19 de agosto de 2012

Sergio Quitral



Sergio Quitral





El deseo de los ancianos

Los ancianos aun sienten
el deseo
como viejas higueras
que esperan el invierno
sentados en un autobús

las uñas de una mujer
creciendo hacia un joven muchacho
nunca llegarán a alcanzarlo
aunque el rojo deseo
circula en ellas
su cartera
su boca abierta
es su deseo
aun su teléfono lleno de súplica latiendo
nada traerá ese invierno
y su mano se irá quedando
dormida
en el asiento
como una rama que espera
movida por el soplo de ese deseo
sin que nadie responda




Clasificado

“Dama sesentona blanca
desea
unión seria con caballero
viudo o divorciado”
el diario la puso
al final de los avisos
sola
bajo el título de Romance
junto a los artículos en venta
las ofertas
y los remates



Lo que un hombre puede darte


Todo lo que un hombre
puede darte
siempre sería deseo
todo lo que oyes de un hombre
es deseo
aun el amor de un hombre
es solo deseo
y ese deseo
brilla oculto en la marea
de las palabras y las miradas
y todo es espejismo
y confusión

cuando nace un niño





Sergio Quitral y VMP. UC, 2011. 



Sergio Quitral (Chile, 1964). Poeta y ensayista. Es profesor de Ciencias Sociales y Arte. ha sido colaborador de la revista La Tuna de Oro (Universidad de Carabobo) y forma parte del Comité de redacción de la revista POESIA de la UC. ha publicado los poemarios: La promesa que nos hace la noche, con el que obtuvo el Primer Premio en la Bienal Roque Muñoz (2002) auspiciada por la Gobernación del estado Carabobo. La balsa de medusa, Primer Premio de Poesía de la Gobernación del estado Guárico (2002). Aquel viento sin nombre (2003) , Tigres, hombres y sueños (2006) y El reino del pájaro silencioso (2008).  
















POESIA



A partir de 1971, año de la fundación de la revista POESIA, la Universidad de Carabobo y la Ciudad de Valencia, entraron en una fase de internacionalización de la producción  poética  nacional. Desde entonces ha sido la revista POESIA uno de los entes propiciadores de relaciones entre los intelectuales del mundo y Venezuela. A lo largo de 41 años ininterrumpidos, POESÍA ha alcanzado la producción editorial de 155 números impresos, con una circulación internacional fundamentalmente dirigida a poetas, bibliotecas, universidades, revistas y periódicos. De igual manera nos ha permitido conocer autores de otras lenguas vertidos al castellano, algunos por primera vez; pero también las generaciones de escritores más recientes de habla hispana. Los poetas venezolanos han sido leídos y admirados en grandes centros intelectuales, gracias a la tarea asumida por nuestra máxima Casa de Estudios y la revista POESIA.




Esta publicación tuvo como primer director al poeta Alejandro Oliveros, quien contó con colaboradores en su esfuerzo editorial con nombres que, junto al suyo, gozan de gran prestigio dentro de las letras nacionales e internacionales: Reynaldo Pérez Só, Eugenio Montejo, Teófilo Tortolero, J.M. Villarroel París, Rafael Humberto Ramos Giugni y Gabriel De Santis. Y se inician con una publicación especializada exclusivamente en poesía y teoría poética. Este primer volumen mostró el camino a seguir POESIA en números posteriores, hacia el encuentro con la lírica universal. Es digno de mencionar que el primer poema incluido en la revista pertenece al insigne poeta argentino Raúl Gustavo Aguirre, uno de los hombres que animara a este grupo de jóvenes poetas venezolanos, que asumieron el papel de editores en los inicios de POESIA. Aguirre era en ese momento el director de la revista Poesía Buenos Aires, la publicación que inspiró a nuestros poetas a fundar la revista. El segundo director de POESIA fue el poeta Reynaldo Pérez Só, quien condujo los destinos de esta publicación con un gran acierto durante muchos años. Su tercer Director fue el poeta Adhely Rivero. Ahora, su cuarto Director, después de 40 años es el poeta Víctor Manuel Pinto, acompañado en su labor por el poeta Carlos Osorio Granado en la subdirección y los poetas y escritores Luis Alberto Angulo, Enrique Mujica, Adhely Rivero, Arnaldo Jiménez, Lyerka Bonanno, Sergio Quitral, Alberto Hernández, César Seco, Pedro Téllez y Francisco Ardiles en la redacción. El respeto que se ha ganado la Universidad de Carabobo en los últimos años trasciende el ámbito de lo nacional con un producto que califica la institución y dignifica lo esencial del quehacer poético. 




Desde un principio la revista POESIA mantiene un gran respaldo de escritores nacionales e internacionales, que de manera permanente están en comunicación con sus opiniones y sus colaboraciones, lo que ha permitido una diversidad poética: europea, norteamericana, latinoamericana, del Caribe, la poesía judía sefardí, las literaturas africanas o poesía de la negritud, japonesa, china, vietnamita, etc. La revista POESIA ha rendido algunos homenajes individuales a escritores nacionales e internacionales de gran renombre: Paul Celan, José Lezama Lima, Humberto Díaz Cazanueva, Ledo Ivo, Mario Quintana, Elizabeth Bishop, Anne Sexton, Jim Sagel, Ramón Palomares, Ana Enriqueta Terán, Vicente Gerbasi, Juan Liscano, Gustavo Pereira, Teófilo Tortolero, Alejandro Oliveros, Ludovic Janvier, y Reynaldo Pérez Só. De igual manera se han realizado antologías de la poesía contemporánea española, colombiana, peruana, argentina, japonesa, china, judía, canaria, dominicana, venezolana, entre otras. Significando un compromiso permanente de nuestra revista con los poetas del mundo.

La producción, la promoción y el canje, han logrado formar el centro más importante del país para el encuentro con la literatura contemporánea. A través de la Sala de Lectura de Revistas Teófilo Tortolero, espacio que contiene a disponibilidad del público, hasta la fecha, trescientos dieciocho nombres distintos de revistas, representación de veintisiete países, con una existencia de tres mil quinientos ejemplares, producto de una acertada política de producción, promoción y canje.



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