lunes, 9 de marzo de 2015

My sad boys, from Bronca City




La mayor parte de lo que asumimos como poesía no es más que inercia. Cartuchos lacrimógenos de la intimidad emocional, abstractos algoritmos lingüísticos y superficiales retocados con el matiz de expresión a la venta, completan los opacos remanentes de una búsqueda desesperada de aprobación que ha anulado por completo al poeta. Justificar su condición de ser sensible, y ser llevado en hombros como vocero espiritual de la marcha, ser algo, alguien en la vida, son ahora sus preocupaciones trascendentales. Construye su juicio, su criterio, a partir de las leyes de los Santos Tribunales de la Palabra, besa las manos de los Doctos Sacerdotes del Libro. Sin cuestionar, sin cuestionarse, seguro de saberse elegido indiscutible de la verdad, acepta, dice que sí moviendo la cabeza para engolosinarse con su propia imagen. Se le ha convidado a seguir la cadena de mando y aceptó. Casi toda la palabrería que asumimos pasivamente como poesía, es sólo el coqueteo con el portero que porta el sello de la canonización divina: el triunfo del ascenso al olimpo de los cocteles y la página social, ¿Y por qué no?  Un merecidísimo ascenso de clase. Eso es surgir, eso es la vida, eso es triunfar, Oh poeta de los laureles. Y ahí está, entonces liquidado. Nada se puede hacer. Es, nuestro miserable poeta, al decir de los reclusos del penal de Tocuyito, triste, lo que significa: condenado a morir

Nada más lejano del poeta Antonio Robles (Coro, 1964) que el martirio de una condición de elegido intocable, o del vergonzoso servilismo a los tribunales de la imposición de la poesía oficial y su brindis champanizado. Sin embargo, Robles también nació como millones de venezolanos bajo una sentencia histórica que prescribió implacablemente la realización de su cometido en la cultura nacional; toda la masacre y el saqueo que sufrieron nuestros aborígenes, la desaparición de lenguas y legados ancestrales, los horrores de la esclavitud en el siglo XIX, y de su solapada continuidad en el XX, han sido cobardemente disimulados por la historia oficial, y vendidos como sucesos fraternos y pacíficos, con eufemismos domingueros como intercambio de las cosmovisiones del mundo. Así ilustraron los libros de historia, con aborígenes arrodillados frente a una cruz, así empalaron nuestro origen. Todo para enmascarar al crimen, la tortura y el asesinato de la Conquista, que siempre está mutando su forma. Nuestros pueblos aborígenes desde el Caribe hasta los Andes, y en toda la tierra extendida de polo a polo de este lado del mar, nuestros negros, y más tarde nuestros obreros, en fin, todos los pobres de América, han sido tristes bajo las imposiciones militares, culturales, sociales y económicas de las perennes ansias  de conquista de los poderosos. Más tarde, cualquier intento por desarrollar y encaminar un arte propio, nuestro, fue inmediatamente etiquetado de popular, escondiendo bajo el adjetivo un profundo desprecio y una minimización de esos esfuerzos y modelos de expresión, como si se tratara de darles un apellido por lástima, un consuelo que le permitiera existir al margen del gran arte universal y sagrado. La poesía no escapó a estos hechos, y el poeta calló. Sólo se encargó de sus angustias de turno, románticamente tardío y decadente, afrancesado hasta en los gestos casi todo el siglo XX.


 La  ciudad de  la  bronca no es precisamente esa                  impecable ciudad de  la  furia
                                                                                                           Diego Sequera                                                                                                                                                       
In da Club - Me time, Nigel Cooke (2010)



Dolorosamente pocas, y no por eso menos esperanzadoras han sido las voces de poetas que han buscado en su trabajo con el lenguaje una expresión más genuina, acoplada a su realidad continental, nacional. Ahondando en su idioma con el temblor de quien encuentra una devastación, y enarbola su escritura así, guerrera, Caribe, sin complejos. Como un conquistado que usa las armas del conquistador. Les llamaron ingenuos, provincianos, marginales; Antonio Robles, es uno de esos poetas.


Señoras y señores que se ruborizan frente al malandreo lírico de un hombre que se sabe embroncado y fugitivo por violar el buen gusto con su verso jíbaro. Que habla a sí mismo y a su gente con el efecto alucinógeno de las armas mediáticas del invasor, que toma la sermoneada omnipresencia del Cristo crucificado de la conquista, y en él Cristo de los pobres, para caminar por Brooklyn y el Bronx sin Visa ni documentos. He aquí un poeta con el espíritu arrebatado a 200 km por hora y armado con los duendes de las serranías de Falcón, este poeta llega y lo hace con todo, de frente, viene a reclamar lo que le pertenece, este es el chamán místico de la tribu malandra, de los que pierden, los que vacilan y alucinan. En el nombre del Cristo de las navajas, tristes de la tierra, he aquí al poeta Antonio Robles.






Bronca City



Aquellos vehículos último modelo
De hermosos colores –azul marino - blanco marfil - gris plateado
-que imploraban ser robados
Y de pronto uno volaba en un auto de esos
La libertad sobre un auto robado a 200km por hora
Detenerse y ser atrapado es el final
El establishment ronda frenético y entona la canción del apartheid cósmico.
Calles de Brooklyn – New jersey o Caracas – qué importa si
Esto es un simple poema
El hijo del hombre es invocado y perseguido en una Blazer a 200 km por hora
Y el verbo se hizo carne a 200 km por hora
Redentor -  maestro – mesías – no permitas que la ley me atrape
¿Y Grand Blazer tú me amas?
Dejad que los Cadillacs y los Lincolns se acerquen a mí
La velocidad es una ecuación física
Un sofisticado fugitivo orando a 200 km por hora es una ecuación mística

Nena ven conmigo – ven – ven sólo con tus cosas más extrañas en la ruta
al paraíso perdido
Nena ven que dos pieles extraviadas forman una plegaria nocturna

A los del ghetto la velocidad nos convierte en aves grises
Tremenda bronca existencial tranzar con los cuervos de neón
Deducir con exactitud como el futuro danzará en nuestros signos vitales.

Deducir – presagiar – ver más allá del presente
Eternidad -  eternidad infinita en toda su dimensión
Mi plegaria es más impredecible que todo el surrealismo acumulado
Padre nuestro que huyes conmigo a 200 km por hora
No quiero agonizar como el McMurphy de atrapado sin salida
El meteoro de la infancia – el buen chico de la película – todo
le sale bien – balurdo como un burócrata
El enmascarado tenía más poesía
Aún no presagio el estrellón – el desplome final
Creo en la huida a toda velocidad todopoderosa creadora del cielo y de la tierra
Dios no es propietario de autos de lujo
El maestro huye – el mesías es perseguido
Bienaventurados los que...................................................................................................

“No dejéis de mirar el vuelo en la freeway a tremenda velocidad”
La velocidad de la luz arrastrando la intrascendencia de nuestras vidas
Toda forma de horror – toda forma de avance – todo verbo tenebroso implica huida.

Ya no hay tiempo de incinerar la paz de los templos
Un chamán del barrio siempre me dice: “Las jevas no les paran a los limpios”
Una raya más

Nena ven – ven – ven que si vuelas conmigo serás mística
Ven que si no vuelas serás una putica más bailando en el templo de la gran Sodoma.
El establishment le pone precio a sus almas
Una putica más en la gran Sodoma – tenlo presente
Una putica más – putica bonita con tu celular Movilnet o Movistar

Mañana dos soldados norteamericanos morirán en algún lugar del mundo
Presagios duros tiempos de alienación – de anglicanismos y sueños rotos
Tiempos de alienación – de anglicanismos – oye putica mía me gusta la fast food
Tiempos de alienación – iré a McDonald’s y te compraré putica como si fueras un hot dog
Y te comeré cubierta con salsa de tomates y papitas fritas
Alienación – iré de shopping y te compraré putica bonita con tu celular Movilnet o Movistar
Y tú estampa fashion
Proscrito de dos mil años – te he negado tres mil veces y ahora huyes conmigo
La noche abraza a la freeway – disparos en la noche

I’m on fire – I’m on fire - eso lo dijo Springsteen
Plymouth Fury – Mustang 69
Chevy Impala 64
Crazy Horse resucitado nos hace compañía en un Cadillac robado
Mañana un pandillero será apresado en el Bronx
Y otra vez esas imágenes – mi mente divaga en el universo
Mi escondite está en la nieve de Portland
Así como el sioux que asesinaron en Dakota
Como el jefe Bromden de “Alguien voló sobre el nido del cuco”
Yo fui caído en el desembarco de Normandía – norte de Francia
Yo regresé
Mañana un soldado norteamericano de origen hispano caerá en algún lugar del mundo
En las calles me pierdo – me evaporo – mujer de humo – tú vas y yo vengo
Pontiac Sunfire - Porsche
Disparos en la noche
Dios nocturno – un fugitivo va hacia ti como bala en el viento






Para más poemas de Antonio Robles, seguir el enlace a Stand Up Poetry sobre la imagen. 





Víctor Manuel Pinto 



  

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